El Fusarium (conocido como la “secadera” o pudrición radicular) es el enemigo más peligroso del cultivo de maracuyá. Es un hongo del suelo que destruye las raíces mediante un ahorcamiento en la base de la planta impidiendo la funsión de los vasos conductores que transportan agua y los minerales desde la raíz hacia las áreas foliares . Como consecuencia de este taponamiento la planta se marchita y muere de forma muy rápida.
La Maracuya (Passiflora edulis) es uno de los frutales de clima cálido, muy desarrollado en tierras planas o de relieve moderado muy importante para la economía agrícola.

Sin embargo, los productores se enfrentan constantemente a un enemigo devastador en el suelo: Fusarium solani, el causal hongo de la patología comúnmente conocida como secadera, marchitez vascular o pudrición del cuello y raíz. Que se tiende a confundir con la producción de raíz ocasionado por exceso de humedad en los cultivos con bajas posibilidades de drenaje.
Sin embargo, En el cultivo de maracuyá (Passiflora edulis) se ha reportado la asociación de Fusarium oxysporum y Fusarium solani con enfermedades de fusariosis, marchitez y secadera. Con respaldo de la comunidad científica de la UNIVERSIDAD DE COSTARICA ” Identificación molecular de aislamientos de fusarium asociados a maracuyá en el Valle del Cauca Colombia” se puede comentar que Ambos hongos pueden coexistir en los sistemas productivos, aunque su importancia relativa depende de las condiciones edáficas, ambientales y del diagnóstico fitopatológico.
Si no se diagnostica ni se trata a tiempo, Fusarium solani patogeno letal de las pasifloráceas como granadilla, maracuyá y Gulupa, puede destruir cultivos enteros, reduciendo drásticamente el rendimiento y la vida útil de la plantación, con perdias para los agricultores y el potencial exportador de Colombia. En esta guía de yajavi.com, te presentamos un protocolo agronómico evaluado en diferentes partes para prevenir y controlar a timpo el hongo fusarium, frenar su avance y fortalecer la salud radicular de tu cultivo. #SecaderaMaracuya.
1. ¿Qué es Fusarium solani y por qué afecta tanto a la Maracuya?
Fusarium solani es un hongo fitopatógeno que habita en el suelo y ataca principalmente el sistema radicular y la base del tallo (cuello) de la planta de #Maracuya. Penetra a través de heridas causadas por labores culturales, insectos, nematodos o exceso de humedad, taponando los haces vasculares (xilema). Como consecuencia, la planta pierde la capacidad de transportar agua y nutrientes hacia la parte aérea, se inmunodeprime y es colonizadas por estructuras del hongo fusarium.
Principales factores de riesgo que favorecen al hongo:
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- En el cultivo de maracuyá es muy común establecer el cultivo sin la previa construcción de sistemas de drenaje. Con encharcamientos prolongados se crea el ambiente propicio para el desarrollo del hongo en épocas de lluvia. En las ultimas evaluaciones realizadas en Jamundi Valle del Cauca se encontró deficiencias en sistemas de drenaje y excesos de agua aplicados por sistemas de riego.
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- Daños mecánicos en raíces durante el deshierbe o la fertilización.
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- Desbalances nutricionales, especialmente deficiencias de calcio, y deficiente manejo en la satisfacción de los requerimientos nutricionales de la planta de maracuyá.(evaluación en in situ)
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- No existe control preventivo para uso de material de propagación o plántulas infectadas.
2. Diagnóstico Temprano en Campo: ¿Cómo identificar los síntomas?
Para evitar la pérdida total de la planta, la clave está en el monitoreo constante. Los síntomas se dividen en dos fases:
Síntomas Aéreos
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- Amarillamiento o clorosis foliar: Inicia en las hojas más viejas y avanza hacia los brotes tiernos, hasta completar toda el área foliar, aunque se preserva por mas tiempo la vida en los tallos.
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- Marchitez en horas de mayor radiación: Es importante observar que las hojas se ven caídas o tristes en horas calurosas del día, recuperando cierta turgencia al atardecer.
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- Defoliación y caída de hojas: Cuando la enfermedad avanza la planta pierde sus hojas, detiene el llenado de frutos y finalmente se seca de arriba hacia abajo.
Síntomas Radiculares y en el Cuello
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- Necrosis en el cuello de la planta: Al raspar la corteza del tallo cerca del suelo, se observa un oscurecimiento rojizo o marrón en los vasos conductores. Es una especie de ahorcamiento estratégico del hongo en el cuello de la raíz, taponando los vasos conductores (xilema y floema)
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- Pudrición de raicillas secundarias: Las raíces absorbentes pierden su color blanco característico y se tornan oscuras, blandas y desprendibles.
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- Debajo del cuello ahorcamiento de la raíz, se observa buen desarrollo radicular, Auque la planta en su parte foliar tenga hojas amarilla (clorosis) y se esté defoliando.

¿Quieres ver cómo identificar estos síntomas paso a paso en campo? Mira nuestros análisis en videos prácticos con imágenes demostrativas de campo en nuestro Canal de YouTube @Fusarium2024, donde compartimos casos reales y soluciones agronómicas. Que se han recopilado desde hace 4 años (2023-2026)
3. Protocolo de Manejo Fitosanitario e Integral yajavi.
En la evaluación prática se ha verificado que el manejo eficiente de Fusarium Solani en Maracuyá, Gulupa y Granadilla (Pasifloráceas), no depende de un solo producto, sino de la integración de buenas prácticas culturales, control biológico y bioestimulación nutricional. Como se explica en el manual “Manejo fitosanitario del cultivo de granadilla” AGROSAVIA.
Más allá de la resistencia genética: un enfoque integral para prevenir Fusarium en maracuyá.
No basta con disponer de una planta de granadilla injertada, o comprada en un vivero, ni con seleccionar materiales de alto desempeño fenotípico y genotípico, si las condiciones en las que esa planta debe desarrollarse permanecen fuera de control. La resistencia genética constituye una herramienta valiosa dentro del manejo fitosanitario, pero no debería considerarse, por sí sola, una solución definitiva frente a Fusarium.
El verdadero desafío consiste en comprender que la interacción entre la planta, el suelo y el ambiente determina, en gran medida, la capacidad de la planta para expresar sus mecanismos naturales de defensa. Una planta genéticamente resistente puede perder parte de esa ventaja cuando es sometida a condiciones de estrés, desequilibrios nutricionales, exceso de humedad, temperaturas adversas, baja actividad biológica del suelo o alteraciones en las propiedades físicas y químicas de la rizosfera. En estas circunstancias, el sistema puede generar un hábitat favorable para el establecimiento, multiplicación y desarrollo del patógeno.
Por esta razón, trasladar al campo una planta considerada resistente sin intervenir integralmente las variables que condicionan su desarrollo puede generar una falsa sensación de seguridad. La resistencia genética no debe entenderse como una barrera absoluta, sino como uno de los componentes de un sistema de manejo mucho más amplio. Cuando el ambiente de la planta favorece al patógeno y debilita fisiológicamente al hospedero, el resultado productivo puede ser devastador, incluso cuando se parte de un material vegetal con características genéticas deseables.
El enfoque que proponemos parte de un principio diferente: no se trata únicamente de crear una planta capaz de resistir el ataque de Fusarium, sino de crear las condiciones necesarias para que la planta pueda expresar y mantener su capacidad natural de defensa durante todo su ciclo productivo.
Esto implica comenzar el manejo desde las primeras etapas de desarrollo, incluso antes del establecimiento definitivo en campo. La sanidad y el vigor de la planta deben construirse desde la bandeja de propagación, continuar durante la etapa de crecimiento en bolsa y mantenerse durante el trasplante, establecimiento, desarrollo vegetativo, floración, fructificación, cosecha y etapa posterior a la cosecha.
En cada una de estas fases deben considerarse de manera integrada variables como las condiciones climáticas, las propiedades físicas y químicas del suelo, el pH, la capacidad de intercambio catiónico, la disponibilidad y balance de nutrientes, la materia orgánica, la humedad, la aireación, la actividad microbiológica y las interacciones bioquímicas entre suelo, microorganismos y planta. Como lo expone AGROSAVIA en el documento “Caracterización sanitaria de los cultivos de granadilla, gulupa y maracuyá en Colombia, con especial referencia a la secadera causada por Fusarium solani f. sp. Passiflorae”
Desde esta perspectiva, la prevención de Fusarium en maracuyá no debe limitarse a combatir directamente al patógeno una vez que la enfermedad aparece. El objetivo debe ser construir un sistema suelo–planta biológicamente equilibrado, en el que la planta disponga de los nutrientes y condiciones fisiológicas necesarias para desarrollar adecuadamente sus mecanismos de defensa y, simultáneamente, exista una comunidad microbiana capaz de competir con los microorganismos potencialmente patógenos.
La incorporación adecuada de materia orgánica y de microorganismos benéficos puede contribuir a fortalecer este sistema, favoreciendo la competencia biológica en la rizosfera y modificando las condiciones que determinan la capacidad de Fusarium para establecerse y desarrollarse. No se trata, por tanto, de una acción aislada, sino de la construcción progresiva de un ambiente en el que la planta tenga ventaja fisiológica y biológica frente al patógeno.
Este enfoque nos lleva a cuestionar un paradigma que ha predominado durante años en el manejo de enfermedades: que la solución debe estar exclusivamente en la creación de una planta resistente. La resistencia genética es importante y debe continuar desarrollándose, pero su verdadero potencial puede alcanzarse cuando se integra con el manejo del suelo, la nutrición, la microbiología y las condiciones ambientales.
La pregunta, entonces, no debería ser únicamente ¿cómo hacemos una planta más resistente a Fusarium?, sino también:
¿cómo construimos, desde el inicio de su desarrollo y durante todo su ciclo productivo, las condiciones necesarias para que esa planta pueda expresar plenamente sus mecanismos naturales de defensa?
A partir de esta premisa se desarrolla el modelo de manejo integral propuesto en este artículo, en el cual cada etapa del desarrollo del maracuyá constituye una oportunidad para fortalecer la planta, equilibrar el sistema suelo–raíz y reducir las condiciones que favorecen el establecimiento y desarrollo de Fusarium.
Paso 1: Adecuación Cultural y Manejo del Suelo
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- Mejorar el drenaje: Realizar zanjas o caballones para evitar la acumulación de agua alrededor del cuello del tallo, antes de sembrar.
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- Desinfección de herramientas: Desinfectar tijeras de podar y herramientas de deshierbe con amonio cuaternario o alcohol al 70%.
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- Eliminación de inóculo: Retirar y quemar o enterrar lejos del lote las plantas secas o fuertemente infectadas, aplicando cal viva en el hoyo.
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- Regular el agua de sistemas de riego. No generar encharcamientos.
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- Cultivos con riego de pozo. Son muy riesgosos para el cultivo de pasifloráceas. Si se usan pueden alterar variables bioquímicas del suelo y generar el habitad confort para el desarrollo de fusarium.
Paso 2: Bioestimulación y Refuerzo Radicular.
Un sistema radicular fuerte y sano es la primera línea de defensa contra Fusarium. La aplicación estratégica de bioestimulantes y nutrientes de alta asimilación permite a la planta cicatrizar tejidos y emitir nuevas raíces absorbentes.
Para que este proceso sea efectivo, la nutrición mineral no puede entenderse únicamente como el suministro aislado de determinados elementos. Los nutrientes deben encontrarse en proporciones y condiciones de disponibilidad adecuadas, de acuerdo con los requerimientos de la planta y con las características particulares del suelo. En este equilibrio intervienen elementos mayores, secundarios, menores y oligoelementos, cuya disponibilidad está condicionada, entre otros factores, por el pH, la conductividad eléctrica (CE) y la capacidad de intercambio catiónico (CIC).
La CIC es especialmente importante porque determina, en buena medida, la capacidad del suelo para retener e intercambiar cationes esenciales para la nutrición vegetal. Por ello, no basta con que un elemento esté presente en el suelo: debe encontrarse en una forma química y en una concentración que permitan su disponibilidad, absorción y utilización por la planta, sin generar desequilibrios o antagonismos nutricionales.

Desde esta perspectiva, el manejo nutricional debe ser dinámico. Las formulaciones y las dosis deberían ajustarse, cuando sea posible, a los resultados de los análisis de suelo, agua y tejido vegetal, permitiendo corregir progresivamente las deficiencias, excesos y relaciones inadecuadas entre las bases nutricionales.
Cuando no se dispone de análisis periódicos, pueden establecerse formulaciones estándar técnicamente diseñadas, orientadas a mantener una oferta equilibrada de minerales dentro del sistema radicular. Sin embargo, estas formulaciones deben entenderse como una herramienta de manejo y no como un sustituto permanente del diagnóstico.
El objetivo final es mantener un sistema nutricional equilibrado en la rizosfera, donde los nutrientes esenciales permanezcan disponibles e intercambiables y donde las relaciones entre calcio, magnesio, potasio y otros cationes se mantengan dentro de rangos compatibles con las necesidades fisiológicas de la planta.

De esta manera, Yajaví no debe concebirse simplemente como un fertilizante que aporta minerales, sino como un componente de un modelo de manejo suelo–planta, en el que la nutrición, las propiedades químicas del suelo, la actividad biológica y el desarrollo radicular interactúan para favorecer una planta fisiológicamente equilibrada y con mejores condiciones para expresar sus mecanismos naturales de defensa frente al estrés fitopatológico.
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- Modo de aplicación recomendado: En drench (dirigido al cuello de la planta y área del plato) en etapas preventivas o ante los primeros síntomas de marchitez.
Paso 3: Control Biológico y Antagonismo
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- Incorporar hongos antagónicos como Trichoderma harzianum y bacterias promotoras de crecimiento como Bacillus subtilis para competir por espacio y nutrientes en la rizosfera con el Fusarium solani.
4. Estrategia Preventiva para Nuevas Siembras
Si vas a establecer un nuevo lote de granadilla, aplica estas tres reglas de oro:
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- Utiliza material vegetal certificado libre de patógenos.
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- Inicia fertilización son minerales y microorganismos desde el mismo momento de la plantulación. Las células vegetales genéticamente seleccionadas (plantas elite) deben disponer desde el principio de todos sus requerimientos nutricionales para poder realizar la replica celular (mitosis)
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- Acondiciona el suelo previamente ajustando el pH con cal agrícola 3 meses antes de la siembra, incorpora materia orgánica compostada y certificada.
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- Aplica un plan de nutrición preventiva con Fertilizante Yajavi desde el momento del trasplante para asegurar un enraizamiento rápido y una mayor resistencia inmunológica.
Y qué tiene que ver esto con la investigación sobre maracuyá y Fusarium?
La planta no solamente necesita defenderse del patógeno; necesita mantener activamente la producción de nuevas células y tejidos. Para ello requiere energía, agua, minerales y moléculas precursoras.
Por ejemplo, elementos como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, zinc, boro, hierro y manganeso participan, directa o indirectamente, en procesos relacionados con división celular, síntesis de proteínas, formación de paredes celulares, metabolismo energético y desarrollo de raíces.
El calcio, por ejemplo, tiene un papel particularmente importante en la estructura y estabilidad de las paredes y membranas celulares y también funciona como señal en diferentes respuestas de la planta.
Por eso, una planta sometida a estrés nutricional, hídrico, térmico o radicular puede tener menos capacidad para producir y mantener tejido nuevo y, al mismo tiempo, responder adecuadamente al ataque de un patógeno.
Conclusión y Recursos de Apoyo
El diagnóstico a tiempo y la nutrición especializada son los dos pilares para vencer a Fusarium solani en el cultivo de granadilla. No esperes a que la secadera merme tu producción para tomar acción.
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